lunes, 4 de agosto de 2014

AGÜIMES. SI HA PODIDO SER, YA NUNCA DEJAREMOS QUE LO LLAMEN UTOPÍA Por Antonio Cerpa Santana

Saludé al 15M mucho antes de que este naciera. José Luis Sampedro tuvo la culpa. Su pensamiento, recogido en libros, conferencias, artículos,... y fundamentalmente, su impagable testimonio vital, su honestidad, su independencia y su amor a la libertad, acabaron constituyéndose en razones poderosas para que muchos comenzáramos a creer que otra forma de hacer política era posible, que otra economía, era posible, que otra redistribución de las cargas y de la riqueza, era posible.

Apareció el 15 M. Lo saludé, lo aplaudí y de alguna humilde manera, lo empujé.

Nunca me preocupó que su aparente -o tal vez real- anarquía asamblearia tuviese capacidad para liderar un programa de gobierno. A eso se agarraba la derecha política y mediática para intentar desprestigiar y aniquilar el movimiento, y muy posiblemente en esa aparente fragilidad, descansaban seguros y ociosos los partidos de izquierda, al considerar que ahí tenían un enorme granero de votantes que tarde o temprano acudirían al paraguas de sus siglas para expulsar al enemigo común.

La verdad es que yo nunca consideré imprescindible que el Movimiento del 15M tuviera que convertirse en una plataforma política de poder real. Me parecía que tenía una importantísima misión de conciencia crítica ciudadana. Esperaba su participación indignada y combativa en las asociaciones vecinales, en los colectivos estudiantiles y de trabajadores. Creía que podría convertirse en conciencia programática y de combate para conseguir que el poder volviera definitivamente al pueblo. Si el movimiento se revitalizaba, si lograba conectar con los descontentos, los excluidos y los soñadores, acabaría siendo una fuerza tan poderosa, que los partidos políticos no tendrían más remedio que reconvertirse y dedicarse, “a tiempo completo”, al servicio público.

Pero claro, esto era sólo una opinión. Otros pensaron que había que dar otro paso.

Y llegó Podemos. Dicen que para quedarse. Mucha gente ha recibido su aparición como lluvia fresca en medio del desierto. Parece que hablan en un lenguaje que podemos entender. Es más que probable -como bastantes se encargan en reiterar- que muchos no conozcan “la letra pequeña”, pero, //¿Y a quién le importa?// -dirán los esperanzados- // De los que nos han traído hasta aquí conocíamos “todas las letras”, y miren donde estamos //


Lo realmente cierto es que Podemos no ha dejado indiferente a nadie. Una gran parte de la población les ha acogido con esperanza o con curiosidad, y los poderes políticos, sean del signo que fueren, los poderes económicos y la inmensa mayoría de los mediáticos, no han tardado en expulsarlos a las tinieblas exteriores. O eso al menos pretenden.

Pero el país necesita debates serios. Debates en el que no prime el espectáculo, ni las audiencias, ni las cuotas. Debates en los que participen políticos, economistas, intelectuales, asociaciones vecinales, trabajadores sociales... dirigidos por periodistas independientes, libres, honestos. Los ciudadanos tenemos derecho a saber. Sin ese conocimiento no existe democracia y el voto sería una pantomima. Tal vez pretendan eso, pero sería un error monumental.

De todas formas, Podemos tiene un largo camino por delante en el que deberá demostrar a la gente que sus propuestas son serias, y que van en serio, que no están diseñadas para ganar votos, sino para darle la vuelta a un sistema que se ha demostrado injusto, intolerable e inservible. Tendrán que explicar también, que para conseguir eso tendremos que enfrentarnos a fuerzas muy poderosas que no permitirán por las buenas que les arrebaten sus privilegios. Que no saldrá gratis. -¡Es lo que tiene, pretender conseguir la redistribución de la riqueza de forma justa!-

Y sería bueno demostrar, que todo esto es posible, “gobernando”. Primero, desde el propio partido, con transparencia y con democracia, pero también, desde una pedanía, un ayuntamiento, una mancomunidad o una diputación (dejemos el gobierno de la Nación para más adelante). Y en sus manos está. A la vista de las encuestas, no parece que sea misión imposible. Hay mucho hartazgo, demasiada frustración acumulada y unas enormes ganas de cambiar las cosas.

Algo debería quedar claro sin embargo: Podemos no es el 15M. Con toda seguridad, hunde sus raíces en aquella explosión venturosa. Pero el 15M es mucho más. Y nadie debería apropiarse en exclusiva su conciencia.

Llegados a este punto, a uno se le ocurre pensar en las razones que hacen posible que una historia, absolutamente extraordinaria y consolidada, como la que viene protagonizando el municipio de Agüimes durante los últimos treinta y tantos años, no sea conocida, estudiada y debatida en todos los foros de la Comunidad Canaria y del Estado.

Desde el mes de Abril de 1979, el colectivo Roque Aguayro, con un programa tan “radical”, ambicioso y exigente como el que se atribuye a Podemos, y con una clara estructura asamblearia y de participación vecinal que son su seña de identidad, llega al poder municipal y gobierna de forma ininterrumpida y con mayorías absolutas, hasta el día de hoy.

Han sido muchos los que han seguido con curiosidad, con respeto y con alegría indisimulada, el durísimo trabajo que los distintos equipos de gobierno, siempre bajo el liderazgo de Antonio Morales, han llevado a cabo durante todos estos años. Los grandes partidos tradicionales, estatales y nacionalistas, acogieron con sorpresa su primer triunfo, pero apostaban doble contra sencillo a que ni siquiera acabarían la legislatura. Evidentemente, se equivocaron.

Si alguien entre ustedes -especialmente mis amigos peninsulares- quisiera saber qué ha pasado durante estas tres décadas en este bello pueblo de mi tierra, que genere respuestas en Google, que visiten las Webs de Roque Aguayro o del propio Ayuntamiento, que lean los libros y los cientos de artículos del Alcalde (uno por cada semana de gobierno). Y si su curiosidad fuese mayor, les diría que preguntasen a la gente de la calle de otros pueblos por lo que piensan de Agüimes y de su Alcalde.

Por ahora no quiero extenderme más. Tan sólo confirmarles que no soy de ese pueblo, no milito ni he militado en el Colectivo Roque Aguayro, y durante la dictadura conocí a un gobierno municipal retrógrado, clasista y caciquil contra el que muchos tuvimos que luchar. Afortunadamente, a ese pueblo no lo conoce ya ni su madre. Muchos canarios, de muy distintos signos ideológicos, nos sentimos orgullosos de lo que los Ciudadanos de esa Villa han conseguido.

No sabemos hasta donde llegará.
Ni siquiera cuánto va a durar.
Lo que sí sabemos es que ha podido ser.
Y si ha podido ser, ya nunca dejaremos
que lo llamen utopía”.

Antonio Cerpa Santana es natural de Telde. Estudió Sociología, fue sacerdote y reside en Madrid. En junio de 2013 pregonó las fiestas de San Juan de Telde.

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